Ansiadas y esperadas vacaciones veraniegas. Libertad, independencia y, por sobre todas las cosas, la rutina se esfuma. Porque no habrá un día igual que el anterior.

 

 Sin planes, sin obligaciones y con mucho tiempo que “regalarme” pienso perderme en mi cuidad, pienso perderme entre la gente. Pienso empezar a vivir en mi pompa que sólo podrá romperse al acabar el verano, al volver al trabajo. Mientras tanto, haré cuanto desee quizás no me vaya a ningún sitio a veranear pero siguen siendo vacaciones…

 

 Un libro en la playa, tomar algo mientras escuchas música en una terraza de un local cualquiera, hacer fotos de sitios a los que con normalidad no haces caso o simplemente pasas de ellos, salir sin horarios sin límites sin obligaciones monótonas… Salir de casa sin saber dónde o qué harás tres horas más tarde. O quizás levantarte y dejarte perder en el tiempo sin importar que transcurra de forma tranquila o bulliciosa depende del pensamiento con el que despierte ese día.

 

 Sin estrés, sin malos rollos ametrallándote la cabeza, simplemente el olvido de todos ellos. Solamente convivir lo que quieras porque es tu tiempo, porque es tu libertad inalterable. Y nada ni nadie puede arrebatértela. Así aún dan más ganas de vivir, hay más color en tu mundo…

 

 ¡Qué rollera me he puesto! Pero en fin, ¡felices vacaciones de verano!