Hoy, domingo, mejor día imposible. Excepto porque le prosigue el lunes. Pero es el día de más fiesta y más descanso. Pero cómo no, siempre mi gafe me arruina.

 Hoy, me he cargado mis camisetas favoritas…

 Está claro que yo no valgo para las tareas domésticas.  O al menos, para lavar prendas delicadas de color. Después de esto, no me fio de la lavadora a color que tengo en marcha y prefiero no coger la plancha para evitar posibles incedentes no deseados. No me gustaría que mi guardaropa sufriera más bajas. Hoy ya he tenido más que de sobra… Y soy de un torpe ciertas veces que mejor prevenir.

 Un consejo: no intentéis lavar prendas delicadas sin, al menos, que os haya quedado claro cómo se hace porque después vienen los disgustos. (Está claro que yo me enteré a medias ¬¬ ).

 Aunque claro, aún no sé si está todo perdido. Porque cuando he visto lo que les ha pasado a mis tres camisetas favoritas ¿qué es lo primero que he hecho? ¡Por supuesto, llamar a mi madre! La mejor idea que podría tener. Las madres lo saben todo!

 Me ha explicado que podría hacer para al menos intentar solucionar el estropicio y sin duda lo voy a hacer. Aunque claro tampoco me ha garantizado al 100% que surta efecto pero es una buena opción. Mejor que tirarlas a la basura de primeras.

 Creo que algún día me arrepentiré de contar mis trapos sucios… mientras esperaré que llegue ese día.

 En fin, dejémoslo aquí. A ver que pasa. No viene a cuento pero ayer me leí “Tres metros sobre el cielo” de Federico Moccia cuando me pasé el bajón de las camisetas ya haré la ficha del libro ¡porque me ha encantado! Pero no diré nada más para no desvelar el final ¡sorprendente!